El cuerpo expuesto, de Rosa Beltrán. Lo que hay detrás del "selfie"

Carlos Fortea  
(La República Cultural, noviembre 4, 2014)
 

Cada día resulta más audaz escribir libros que plantean preguntas y las dejan abiertas, es decir, libros cuyo destino no es ayudar a pensar, sino incitar a pensar.

La novela de Rosa Beltrán que da pie a estas líneas es uno de ellos. ¿Su argumento? Bien… no, creo que no lo voy a contar. Bastará con decir que hay dos líneas narrativas entretejidas, que una de ellas la protagoniza, de manera por cierto imperial, Charles Darwin, y la otra es un campo de batalla de ideas enfrentadas que no solo nos lleva a preguntarnos qué y quienes somos en este milenio de incertidumbre, sino que nos lleva también a preguntarnos qué fue de las certezas del pasado.

Para quien tenga dudas, esta no es una novela de tesis. Es una novela de narración pura, en la que se suceden acontecimientos que enseguida despiertan en el lector ecos de situaciones que ha vivido, ecos de situaciones que ha pensado y ecos de situaciones, incluso, que ha vivido en algún rincón oscuro de la imaginación. Preguntas lanzadas al viento, que el viento nos devuelve. Es preciso afinar mucho el oído para saber si también nos devuelve la respuesta.

El cuerpo expuesto, reza el título, en un tiempo de constante exposición, cuando la vida humana se ha vuelto por un lado exhibicionista y por otro privada de intimidad, cuando se nos acosa desde el conocimiento de nuestros hábitos, de nuestros intereses y de nuestras precariedades. El cuerpo expuesto, la mente expuesta.

Me queda por decir algo que considero fundamental en una novela: que no la quieres dejar de leer. Que tiene esa mixtura en proporciones justas de pulso narrativo, precisión formal, manejo de la incógnita y progresión, que hacen de una narración pura una cuerda que tira de un lector que no quiere soltar el cabo. Leerla ha sido una grata experiencia. De esas que te acompañan cuando vas por la calle, caminando a solas, perdido en pensamientos.

 

 
 
 
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Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez