Rosa Beltrán

Élmer Mendoza  
(El Universal, diciembre 22, 2011)

Efectos secundarios, de Rosa Beltrán, publicada por Mondadori México, en noviembre de 2011, es una novela de contacto: está poblada de voces emblemáticas y extenuantes que consiguen sobredimensionar una estupenda novela corta, donde su autora jamás pierde el control. Parte de su fuerza radica en la combinación de tonos femeninos y masculinos para momentos específicos dentro de la historia. Además, se percibe un territorio compartido, puesto que trata de una persona que lee muchos libros y es frecuente presentadora de ellos, al grado que lo considera un oficio.

Las presentaciones de estos libros son magníficas, casi como un género literario; de hecho es uno de los misterios que se comparten a lo largo de la novela, donde las voces de grandes autores están presentes: Kafka, Gógol, Virginia Woolf, Rulfo. Un libro es memoria y Rosa Beltrán juega con detalles que inducen a recuerdos que en estos tiempos son cultura; no pretende representar una otredad como conflicto, no, sino como referencia en un universo narrativo proceloso por sus guiños y su buena prosa. A la par, da cuenta de una realidad violenta donde hay decapitados, 'narcomantas', inseguridad, corrupción, guerra; menciona el caso "de una mujer asesinada de un tiro en la cabeza ante las cámaras de seguridad del Palacio de Gobierno de un estado, por haber descubierto al que descuartizó a su hija…". Para el personaje es impactante lo que enfrenta después de leer todo, desde libros de autoayuda hasta los cintillos que los promocionan y narcomensajes. La autora no se sale de cauce en el tratamiento y tampoco cancela lo que tiene a la vista; al menos aquí, comparte con Arturo García Ramos, que ha propuesto que: "La novela es una versión de la realidad".

Rosa Beltrán, nacida en la Ciudad de México en 1960, ha hecho una consistente carrera de escritora que la ha consolidado en el primer nivel. Maneja con solvencia una prosa nerviosa, inquietante pero equilibrada; si le hiciéramos una gráfica sería un electrocardiograma de alguien con cierto grado de enfermedad. Sus atmósferas son lingüísticas, es decir, no hay sitios como personajes, los lugares que menciona no juegan demasiado. El peso lo lleva su personaje principal que como Tiresias demuestra que de varón a mujer sólo hay un paso y no es demasiado complicado. Es un lector que se viste con los trajes de sus lecturas, "un compendio de citas", y también va a Comala porque "me dijeron que acá vivía mi padre…".

En Efectos secundarios, las ideas flotan, producen un seductor tablero de participación y jamás ocultan a los autores que se están citando; por el contrario, es una puerta para recordar escritores emblemáticos en la formación de la sociedad contemporánea. Desde luego, hablamos de la sociedad letrada, la que lee y que jamás temió caer en las garras de la imaginación, y que viajó de las terribles tormentas de nieve de Jack London, pasó por el tierno Nueva York de John Dos Passos, hasta el calor canicular de García Márquez, sin cambiar de sillón.

"Ser mujer es atroz. Pero leer me salvaba de esa limitación". Es una convicción del personaje, que como Wilde, "había caído en la deplorable preocupación de la exactitud y la transparencia". Después de clasificar a los que mienten: "El mentiroso se distingue por sus afirmaciones rotundas e impávidas… Por su magnífica irresponsabilidad… Y por su desprecio saludable a todas las pruebas". Rosa Beltrán toma estos principios para hacer su juego e ir en sentido contrario. Lo que impera aquí es una certeza: la verdad de todos los Alonsos Quijano que nos movemos en el umbral de la cordura conviviendo con nuestros personajes favoritos y admirando a sus creadores.

Hay frases sin doblez: "Hacernos dudar es prerrogativa de las coincidencias", claro, y el gesto de sorpresa es de obsequio; "el éxito es la eternidad del momento", aunque sólo dure 15 minutos como suponía Andy Warhol, y para lectores que no sacan la cabeza de los libros: "Leer es lo único que me hace fiel a mí mismo". En fin, sólo somos un numeroso grupo de cómplices que pretendemos encontrarnos en las historias de los otros, que en pocas cosas difieren de las nuestras, que a su vez se asemejan a otras, antiguas o modernas.

Efectos secundarios es una novela múltiple por sus voces, una recreación del acto de leer evitando la basura que ocupa superficies importantes en las mesas de novedades de las librerías, y sobre todo, un acto de camaradería entre la autora y sus lectores, que en estas páginas pisarán la misma alfombra y brindarán en la misma mesa pero con tragos diferentes. Leer a Rosa Beltrán es un gusto insano.

 
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Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez