Recicle su fe

Rosa Beltrán

 

Un cristiano renacido es un devoto que mide su fe por el número de solicitudes de empleo enviadas y el cúmulo de dolencias compartidas; por las adicciones curadas en las reuniones de la Nación de los 318 y el agobio superado gracias a la cita de los Casos Imposibles. Es alguien que sabe que para los conflictos familiares está la Terapia del Amor y que los Viernes de Liberación son para la baja autoestima. A un fiel de la Iglesia Universal del Reino de Dios se lo reconoce porque de día escucha Radio Romántica (1380 a.m.) y en las noches sintoniza al obispo Franklin quien en un portugués castellanizado lo lleva a un momento de reflexión antes de realizar la bendición del vaso con agua. No importa si es rubio o moreno (generalmente es moreno) rico o pobre (generalmente es pobre): en todo caso es un ser que se distingue de otros por la seguridad con que asume que el camino de la vida no está sembrado de abrojos sino de deudas. Pero la mano del Maestro le otorga inteligencia crediticia. A través de sus pastores aprende a usar su fe para concretar sus pretensiones económicas ya que, como explica el obispo Paulo Roberto, el deseo de Dios no es que logremos la Trascendencia sino el Éxito.

Por esto, a unos días de la Semana Santa y en medio de la peor crisis financiera de la historia, hago unas sugerencias a quienes, cansados de una fe basada en privaciones y sacrificios, decidan unirse a los miles que se suman al rentable negocio de la nueva espiritualidad:

La primera condición es pedir. Ponerse a pensar en lo que uno vio en la televisión o en casa de un vecino o en un centro comercial y pedirlo. Porque nadie que tenga fe puede estar seguro de que el Señor está con él si no es sincero en sus peticiones. La página electrónica de la congregación es muy clara, si no en su gramática, sí en la actitud que espera de sus fieles: “¿Quién puede decir que no quiere ser rico, camuflado tras un discurso afirmando que lo que realmente le interesa es tener paz, amor y salud? ¿Es posible tener paz con cuentas por pagar? ¿No tener dinero para arreglarse los dientes es tener salud? Y en el amor el casado casa quiere ¿o no?”

Pare de sufrir. Ése es el secreto.

Lunes. Conferencia Empresarial. “Esta reunión tiene por objeto clamar a Dios a favor de la vida económica de cuantos allí comparecen.” Si para ud. es extraño que en vez de pobreza y desapego su nueva religión lo anime a exigir al Creador bienes para mejor creer en él, más raro le será leer los “casos” de quienes recobraron el sentido de la vida por acercarse al Señor: “Hoy encontré el camino. Conseguí crédito para una todoterreno”. O bien: “Mi esposo y yo bebíamos y luego él me golpeaba. Hoy, gracias a la Iglesia Universal somos dueños de una panadería” (nada dice que el esposo le haya dejado de pegar mientras ella amasa pan con el rodillo). Como puede comprobar, aquí todo suena maravilloso: desde la higiene de la tina donde se hace la inmersión para el nuevo bautizo (realizable incluso si está ud. en prisión) hasta el hecho de que los obispos lleven papelitos con sus peticiones a Tierra Santa (foto incluida en la hoja parroquial). Eso sí: nadie puede garantizarle que por las noches, tras haber ido a una de las multitudinarias pláticas en su templo más cercano (el antes cine Jalisco o el antes teatro Silvia Pinal, por ejemplo) logre ud. alejar la sensación de haber pagado por asistir a un espectáculo donde todos y todo, salvo lo sagrado, estuvieron invitados.
 
  28 de marzo, 2009
 
< Anterior   Siguiente >

 

 

 

Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez