Entrevista con Rosa Beltrán

Sergi Doria
ABC, jueves 25 de abril de 2002



Escritora, periodista, traductora, Rosa Beltrán aterrizó en Barce­lona en pleno furor de Sant Jordi con su último libro, El paraíso que fuimos (Seix Barral). Autora de volúmenes de relatos como Amores que matan y de la novela La corte de los ilusos, la autora mexicana pergeña una historia coral en torno a un adoles­cente cuya santidad le separa de lo mediáticamente correcto.

Barcelona. El protagonista prin­cipal de El paraíso que fuimos se llama Tobías: es un visionario y su fascinación por la santidad le ha llevado a la inacción ante los modernos rituales del mercado. Planteada en tono coral, Rosa Beltrán hace de su historia la terapia de grupo de una familia que pulula en torno a este pintoresco protagonista. Los avatares de la sociedad mexica­na se confrontan con las frustracio­nes personales. “Existe un paralelis­mo entre el deterioro paulatino del país, en el marco de la globalización y la avalancha de los medios de co­municación de masas”, explica la escritora. En ese panorama emerge una clase social condenada “a armo­nizar las creencias ancestrales con los valores mediáticos”. Los manua­les de autoayuda, las utopías posmodernas, los sucedáneos que sustitu­yen a las religiones y la felicidad vo­látil de los fármacos, salpican las ex­periencias de los personajes: “cada uno aporta su testimonio, en una te­rapia de regresión: cuando se ha per­dido la esperanza en las revoluciones externas, intentamos ganar nues­tra particular revolución interior con terapias que al final exacerban la sensación de abandono”.

En las sociedades modernas, Rosa Beltrán ve un mundo superficial de peregrinaciones paganas, religiosi­dad mediática y doctrinas "light"; el joven Tobías es “un santo, un esqui­zofrénico, un contemplador que no participa de la dinámica de los gana­dores y los perdedores y permanece en una zona de silencio que es la que explora la novela”. En lugar de producir y consumir, “se dedica a obser­var y eso no está nada bien. Su hu­mildad y temor de Dios es visto por las moderna psicología como una ba­ja autoestima”, concluye la autora.

 
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Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez