La doble moral del Gran Gigante

Rosa Beltrán



El humor y la ironía son el máximo exponente de la inteligencia. El rostro deformado de nuestros errores. La ironía, que es más que un recurso una cierta mirada, afirma lo convencional pero implica lo inédito. Tras el reciente desempeño en Irán y ahora en Haití, qué duda cabe, EU sigue siendo la gran potencia mundial, pero ¿la conciencia moral del universo? Tras el 11 de septiembre de 2001 algo se removió además de los cadáveres de las víctimas y los escombros. Una incomodidad a la pregunta hecha por Bush, digamos que con ingenuidad: “¿Por qué nosotros?”. La esperadísima novela de Lorrie Moore, esa cuentista de excepción que a los 19 años comenzó su carrera tras ganar el concurso de cuento en la revista Seventeen no responde a un acto delirante que no tiene justificación. Da cuenta, sin embargo, de todos esos “pequeños crímenes” que día a día comete una sociedad que se propone ser modelo de justicia. A gate at the stairs (traducido como Al pie de la escalera, por Seix Barral) es, con mucho, la mejor novela norteamericana publicada en 2009. Sólo que pocos en nuestro país hablan de ella. Porque aunque Pájaros de América (1998), su tercer libro, fuera elegido el Libro del Año por The New York Times, aunque fuera finalista del National Book Critics Circle Award y durante semanas uno de los libros más vendidos —lo que en nuestro país le habría restado puntos, desde luego— y aunque autores como Julian Barnes lo eligiera uno de los mejores libros del año, el nombre de esta autora poco o nada dice a los lectores mexicanos. No sólo por haber sido publicada en español por Norma, una editorial poco difundida, y ahora por Seix Barral, España. Me temo que las razones tienen que ver también con nuestra percepción de lo que debe ser una obra que se respete al sur del Río Bravo. Como críticos literarios somos hieráticos, solemnes y algo “pasée”. Junto a la tradición de la novela norteamericana, donde nombres como Mark Twain, Nathanael West o Joseph Heller son parte sine qua non del canon, a nuestra visión del drama va unida una dolorosa visión de la realidad escrita como tragedia. O como melodrama, en el caso del cine. Quienes otorgan certificados y premios en nuestro país parecen sugerir que para ingresar al panteón de las letras hay que escribir con la gravedad que el sabio romano recomendaba a Ático. Y claro, tenemos a Ibargüengoitia. Y… a Ibargüengoitia. Y ¿por qué no ganó el Villaurrutia, por ejemplo? El tema de la obra de Lorrie Moore es uno de los grandes temas de la literatura norteamericana. La doble moral de la clase media. Y siendo esta clase la más extendida del país, la doble, triple, cuádruple moral de la Unión Americana. La historia no contiene el significado real de la novela aunque le da una maravillosa coherencia: una joven estudiante del Midwest, hermana de un chico que irá alistado a la guerra de Iraq, busca trabajo de niñera para ayudarse a pagar sus gastos de manutención, fuera de su pueblo. Lo encuentra entre una pareja de blancos, ricos y sajones que decide adoptar a un bebé. El contrato comienza antes del proceso de adopción, pues es necesario que Tassie se involucre en esa otra gestación que es el largo proceso de “obtener” un bebé y completar el papeleo. El único bebé “disponible” es una niña de origen afroamericano, de dos años de edad. Y ahí empieza la aventura del prejuicio/rechazo que como carambola va a dar hacia todos: wasps, afros, judíos. Aún quienes ven a la joven Tassie paseando al bebé la acusan “por ser madre adolescente”, “por haberse metido con un negro”, “por no habérsele ocurrido nada mejor que el sexo”, por querer ser quien no es. Sumado a esto, es en los padres adoptivos, la perfecta pareja blanca y triunfadora donde habita el secreto y la genial intriga con o sin moraleja, según se quiera. “Para la gente de Troy, Dios era un trasto mental: un cruce entre una valla publicitaria, un curandero, una hamburguesa y un rey de cuento […] Dios era parte de una crédula pero en cualquier caso sensata negación de la muerte, una negación que hacía que la vida fuera más llevadera”. La pregunta de las últimas, espléndidas líneas es: ¿para qué?

 
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Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez