Entrevistas



Aprender el mundo. Entrevista con Sergio Pitol
Rosa Beltrán

Le envío una serie de preguntas de las cuales me responde las que quiere por correo electrónico. Hablo con él, conversamos por teléfono sobre estos temas y luego nos extendemos sobre otros. Muchos no son nuevos. Hemos charlado sobre ellos cuando nos vemos a comer cada vez que viene a México o cuando nos encontramos en algún homenaje que le hacen, en un coloquio, en alguna feria de escritores. Viaja muchísimo. Escribe muchísimo. Lee todavía más. En el diario de sus obligaciones literarias siempre tiene superávit. Alguna vez, en Moscú, luego de un fatigoso día de conferencias, visitas a museos y larguísimas caminatas con una detención policíaca de por medio (el día anterior habían explotado dos bombas de autoría chechena), lo encontré escribiendo, echado en su cama de la embajada de México, mientras los demás dormían.

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Los mexicanos somos crédulos hasta el escándalo: Rosa Beltrán
Cristina Pérez Stadelmann

Rosa Beltrán, ganadora del Premio Internacional Planeta-Joaquín Mortiz 1995, narradora, académica y periodista egresada de la carrera de letras hispánicas de la UNAM, doctora en literatura comparada por la Universidad de California en Los Ángeles, y profesora de esta especialidad en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, se refiere a su primera novela La corte de los ilusos como una reflexión en torno al sueño masculino del poder a partir del infortunado imperio de Iturbide. Contada desde el ámbito de la vida doméstica, es la historia de los breves meses del que quiso ser "el imperio más grande sobre la tierra", la de los sueños e ilusiones de los personajes que rodearon al monarca durante los primeros meses del México independiente. Para Alí Chumacero, miembro del jurado, La corte de los ilusos obtuvo dicho reconocimiento porque está perfectamente bien escrita, además de que tratándose de una obra literaria que refleja escenas históricas "tiene vida propia y el uso de los valores estéticos está por encima de los valores históricos". Beltrán fue becaria del Conaculta (narrativa) 1991-1992 y del Centro Mexicano de Escritores (novela) 1993-1994.

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Si no escribiera, la vida no tendría sentido
Verónica Ortiz

Rosa Beltrán me pidió que nos viéramos antes de la entrevista. Fue una primera cita informal de media hora. Decidimos tomar un café en el restaurante del Palacio de Hierro de avenida Universidad, un lugar intermedio entre su casa y la mía. Con el lugar abarrotado por el rui­do, apenas logro escucharla. Habla de su madre, de la relación con ella, de las expectativas familiares. Apunto algunas cosas, pero habla­ba rápido, concentrada, más para sí misma. No quiero interrumpirla. Me arrepiento de no traer mis grabadoras. Seque hay estados de ánimo que no se repiten. La intensidad de sus comentarios abre un espacio generoso de intimidad, sus ojos, sin maquillaje, atentos a los míos, su cabello despeinado hasta los hombros. "Soy tímida ", acepta, "rara", afir­ma. Yo la siento segura, plena. Rosa continúa: "no fui la bonita de la casa. Me gustaban los libros, leer, leía todo el tiempo, a escondidas. Leer y ser mujer fue un problema."

"Entras por la avenida Rómulo Ofarril, tomas Calzada de las Águi­las, pasas Wal"~Mart, la Facultad de Odontología, las canchas de fút­bol y luego a la izquierda", me explica Rosa el mapa para llegar a su casa. Varias veces me siento perdida, aunque apunté todos los detalles que ella me explicó, es tan lejos. La llamo por el celular. Rosa, pacien­te, me dice que estoy cerca. Por fin llego a una calle amplia, frente a un cerro arbolado; es una casa de tres pisos. Ella, en la puerta, sonríe, lleva un conjunto de dos piezas verde oscuro que resalta sus ojos claros y su cabello marrón.


Nos sentamos en una espaciosa sala, me invita un tequila, la es­pléndida vista me relaja, el tequila también. Acomodo las grabadoras sobre la mesa de centro. Afuera, muy cerca, dos perros ladran, no dejan de ladrar, "son los perros de los vecinos", explica Rosa. Decidimos cam­biarnos de espacio. Subimos, hasta atrás de la casa, al fondo está la biblioteca. Sobre una larga mesa de encino rodeada de libreros Rosa Beltrán espera mi primera pregunta.

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Formar seres "productivos, consumidores y
encima felices" parece ser el único móvil
Anasella Acosta Nieto

Las fisuras y manías de una familia que busca en los manuales de autoayuda y los consejos de terapia sicológica la ''normalidad", muestran en el Paraíso que fuimos (Seix Barral) el instinto innato de sobrevivencia ante un cúmulo de leyes que en un mundo consumista dictan cómo se debe ser.

En ésta su segunda novela, Rosa Beltrán exhibe con humor e ironía juegos de palabras, lugares y hechos reales; la contradicción y el vacío en las relaciones humanas, el desvanecimiento de la frontera entre lo real y la ficción, la obsesión por corregir aquello que existe y se manifiesta fuera de los cánones.

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Critica Rosa Beltrán la moral del éxito
Carmen Álvarez

Como un espacio de reflexión en torno a una sociedad que avanza en una carrera loca hacia un éxito que no existe, El paraíso que fuimos, la novela más reciente de Rosa Beltrán, deposita una mirada irónica sobre la clase media mexicana, representada por la familia Martínez del Hoyo, y sobre la locura contagiosa de Tobías, el hijo disidente.

"Un vistazo a la moral del éxito que produce triunfadores sin triunfo, de religiosos sin fe, carentes de valores profundos y de contacto genuino en las relaciones humanas".

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Entrevista con Rosa Beltrán
Sergi Doria

Escritora, periodista, traductora, Rosa Beltrán aterrizó en Barce­lona en pleno furor de Sant Jordi con su último libro, El paraíso que fuimos (Seix Barral). Autora de volúmenes de relatos como Amores que matan y de la novela La corte de los ilusos, la autora mexicana pergeña una historia coral en torno a un adoles­cente cuya santidad le separa de lo mediáticamente correcto.

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Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez