Interpretaciones



Una novela de terror y resistencia
Jorge Volpi

Durante la pasada Feria del Libro de Guadalajara no hice otra cosa sino presentar libros. Libros de amigos, de amigos de amigos y de desconocidos (que luego se volvieron amigos). Todo transcurría con normalidad, o al menos con la ominosa normalidad de nuestro país, cuando me vi atrapado en un juego de espejos. Rosa Beltrán me invitó a presentar Efectos secundarios, un breve y sobrecogedor relato sobre un individuo que se dedica justo a eso: a presentar libros. Mi vértigo se acentuó. Porque, mientras el narrador de Beltrán se embarca en un sutil elogio de la lectura —y una acerada denuncia de la frivolidad literaria—, no deja de escuchar, en sordina, los ecos de la guerra que azotan a su ciudad. La situación se volvió lacerante: allí estábamos, en la presentación de un libro sobre presentaciones de libros, a solo unos metros del lugar donde días atrás habían sido encontrados veintiséis cadáveres. A mis ojos, Efectos secundarios se convirtió en la mejor metáfora de México y en una ácida diatriba contra la frivolidad de la literatura… y de la violencia.

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La erosión de la modernidad mexicana: una propuesta de lectura de El paraíso que fuimos
Diana Sofía Sánchez Hernández



En la trayectoria que ha forjado la literatura escrita por mujeres en México hay una vertiente que se caracteriza por alejarse de los cáno­nes literarios y de los prejuicios que catalogan la literatura de autoría femenina como banal o pueril. En el panorama de la generación de medio siglo se puede distinguir por un lado, a Amparo Dávila, con una obra breve pero singular por su inclinación al tratamiento de lo monstruoso y el terror psicológico; por otro, a la narradora y dramaturga Elena Garro, quien no dejó de presentar obras abiertas a los aconteceres políticos y sociales de su momento. En esta misma línea, se puede identificar a algunas escritoras actuales como Cristina Rivera Garza, Carmen Boullosa o la propia Rosa Beltrán, entre mu­chas otras.

La gran diversidad temática que impera en las obras contemporá­neas, más allá del sexo de sus autores, muestra algunas coincidencias. Por ejemplo, destaca el análisis y la crítica de la historiografía mexi­cana y la problemática para representar el presente; la complejidad de las relaciones humanas y la imposibilidad de catalogar los com­portamientos de género; la manera de interpretar y convivir en el mundo actual, inmerso en el fenómeno de la globalización; la trans­formación constante de la vida económica global y el surgimiento de nuevos modelos de conducta, influenciados por los medios masivos de comunicación, etcétera. Es posible identificar tales tópicos en las obras de la escritora Rosa Beltrán (D. E, 1960), cuya propuesta li­teraria se caracteriza por el humor inteligente, el eclecticismo y la búsqueda constante de respuestas.
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La corte de los ilusos de Rosa Beltrán,
una lectura desde el paratexto
Ute Seydel

Consumada la Independencia mexicana, los criollos sustituyeron a los españoles peninsulares en los cargos políticos, económicos, militares y eclesiásticos del país. Son ellos quienes imaginan y narran el proyecto de nación para el estado que surgirá en el territorio de la anterior Nueva España. Si bien la Independencia dio lugar al primer estado nacional mexicano, la Revolución Mexicana puso los fundamentos para el estado nacional moderno y laico, ya no bajo el mando de los criollos sino de los mestizos. La identidad nacional en tanto colectiva, así como el nacionalismo postrevolucionario, cuyas bases han sido el guadalupanismo, el priísmo y el aztequismo, se encuentran en crisis desde la década de los ochenta. Consciente de esta crisis, diversos escritores mexicanos de fin de siglo revisan la manera cómo se narraba la nación en la novelística decimonónica y de la Revolución Mexicana. Asimismo someten a revisión crítica los libros escolares de historia que han servido, desde mediados del siglo XX, a forjar el nacionalismo mexicano postrevolucionario. En aquellas propuestas narrativas de la década de los noventa que se inscriben en el paradigma postcolonial y fíccionalizan acontecimientos o episodios de la historia nacional, se incluyen las otras historias, ignoradas por la historiografía oficial.

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Más allá de la nueva novela histórica:
Rosa Beltrán y La corte de los ilusos
Luzelena Gutiérrez de Velasco

Con la mirada puesta en el futuro, he decidido ver desde el siglo XX para asomarme y otear hacia lo que vendrá. No he elegido como tema, aparentemente, una obra característica de este siglo ni a una autora que nos sirva como paradigma contundente de los esfuerzos de las mujeres por forjar una cultura diferente. Así, antes que privilegiar el análisis de las aportaciones de una larga vida dedicada a la literatura, a la cultura, he preferido detenerme en una obra que opera como un gozne entre una de las tendencias destacadas en el siglo XX: la novela histórica y una producción que anuncia los caminos hacia el siglo XXI: una narrativa escrita por mujeres con la necesidad de subvertir el canon y los principios que han probado ser los más llamativos, los más atrayentes para las y los lectores. Con todo, estoy cierta de que se trata de un inicio, pero también de que no tenemos aún la garantía de que este filón será acogido por una mayoría de las narradoras. Es simplemente una apuesta a partir de un texto ya escrito y reconocido al final de milenio en la literatura mexicana.

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Rosa Beltrán: visiones y ficciones
Roberto García Bonilla

La escritora Rosa Beltrán es conocida sobre todo por su novela La corte de los ilusos (Premio Planeta, Joaquín Mortiz, 1995); antes publicó La espera (SEP/ CREA, 1986), y recientemente apareció Amores que matan (Joaquín Mortiz, 1996) y América sin americanis­mos (Facultad de Filosofía y Letras/ Coordinación de Humanidades, 1996), ensayo en que su autora indaga sobre el discurso de los textos que sobre América se ha desarrollado; ese trasfondo que ha creado una imagen de América como continente que no fue ni es más que la visión que el poder, —ya sea disfrazado o descubierto— ha es­bozado, delineado y configurado no sin sanciones, inquisiciones, leyes y certificaciones, pero también desde textos donde la memoria, la ficción, la fe y los patrocinadores de esos viajes han dejado una historia que va del hito al mito.

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Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez