Crítica



El cuerpo expuesto
Ana Clavel 

Alguna vez el filósofo  escribió: "¿Qué es el hombre? No es más que una nada respecto al infinito, un todo respecto a la nada, un punto medio entre la nada y el todo, infinitamente alejado de poder comprender los extremos". Los intentos por conocer y definir al género humano han sido consustanciales a nuestra razón de ser, sin embargo, los afanes cientificistas del siglo XIX lo hicieron particularmente proclive a la tarea de registrar los compartimientos de ese sorprendente espécimen siempre en

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El cuerpo expuesto, de Rosa Beltrán. Lo que hay detrás del "selfie"
Carlos Fortea

 

 

Cada día resulta más audaz escribir libros que plantean preguntas y las dejan abiertas, es decir, libros cuyo destino no es ayudar a pensar, sino incitar a pensar.

La novela de Rosa Beltrán que da pie a estas líneas es uno de ellos. ¿Su argumento? Bien… no, creo que no lo voy a contar. Bastará con decir que hay dos líneas narrativas entretejidas, que una de ellas la protagoniza, de manera por cierto imperial, Charles Darwin, y la otra es un campo de batalla de ideas enfrentadas que no solo nos lleva a preguntarnos qué y quienes somos en este milenio de incertidumbre, sino que nos lleva también a preguntarnos qué fue de las certezas del pasado.

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Sobre la involución de la especie
Alejandro Gándara

 

"El cuerpo expuesto", la última novela de Rosa Beltrán, hace caminar en paralelo la angustiada y sufrida vida del padre del evolucionismo, Charles Darwin, y la de un sujeto contemporáneo que se considera a sí mismo el último evolucionista, y que en realidad tiene severas sospechas de involución de la especie. Lo que queda claro en este relato es que la evolución no progresa en dirección a lo más adecuado, en el sentido en el que hubiéramos preferido entenderlo, dando por sabido que eso del progreso nunca estuvo claro.

La narración está llevada con superlativa ironía, sin caer en el cachondeo ni en zafiedades expositivas (magnífica documentación en todos los temas), y sostiene durante todo el tiempo un ángulo de perspectiva bastante original. La familia, el sistema de mercado o la anorexia, entre otras tribulaciones propias de nuestra forma de existir, por no hablar de las redes sociales y de la necesidad de exposición que culmina, como dice uno de los narradores, en el homo sapiens exhibicionista, son algunos de los temas agudamente observados por la autora y que lleva a preguntarse por el cambio de contenido de la idea de adaptación, toda vez que el único medio digno de consideración, en lo que adaptarse se refiere, es el tecnológico y humano.

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Rosa Beltrán está borracha
Nicolás Alvarado

Por mi honroso pedigrí de lector de cuentos y de periodismo narrativo y mi dudoso linaje de antiguo editor de una revista cultural ya a todas luces olvidada (la quebré yo solito) tengo particular interés y creo que alguna destreza en hacer lo que en la jerga al uso se llama cabecear. Verbo que, cuando entre editores y escritores se emplea, no refiere a echar un coyotito involuntario, sino a poner “cabeza” –es decir, justamente, título– a un texto.

A menudo, como aquí, me gusta hacerlo con una frase declarativa, mejor si juguetona y desconcertante. Acaso sea ésta, sin embargo, la más osada que haya producido, Anticipo que más de uno pasará los ojos por esta cabeza, declinará leer el texto –para qué tomarse la molestia, y más por lo que escribe un señor que sale en la tele– y, en la próxima oportunidad que tenga de hablar con Rosa Beltrán, le espetará un “¡Ay, Rosa! ¡Cuánto te compadezco! ¿Cómo te sientes después de lo que escribió sobre ti en El Universal el pinche ex gordito ése de los lentes blancos? ¡Mira que andarte exhibiendo! ¡Como si a él no se le pasaran también las cucharadas! ¡Qué falta de caballerosidad!”.

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Rosa Beltrán
Élmer Mendoza

Efectos secundarios, de Rosa Beltrán, publicada por Mondadori México, en noviembre de 2011, es una novela de contacto: está poblada de voces emblemáticas y extenuantes que consiguen sobredimensionar una estupenda novela corta, donde su autora jamás pierde el control. Parte de su fuerza radica en la combinación de tonos femeninos y masculinos para momentos específicos dentro de la historia. Además, se percibe un territorio compartido, puesto que trata de una persona que lee muchos libros y es frecuente presentadora de ellos, al grado que lo considera un oficio.

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Efectos secundarios
Mayra Santos-Febres

Cuenta Leonidas Alfaro Bedoya- autor de la narco novela- "Tierra Blanca".

“Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Hitler ordenó cerrar el suministro de goma de opio que partía desde Marruecos, Turquía y Afganistán hacia el mundo Occidental. La materia prima era necesaria para producir la morfina indispensable para atender a los heridos de los frentes de guerra.

En Estados Unidos, el presidente Franklin D. Roosevelt decidió buscar otros lugares para producir la adormidera, y México fue el territorio elegido para resolver el problema de abastecimiento.

Concretamente, las zonas serranas de los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, territorio conocido desde hace tiempo como el "triángulo de oro".

El presidente estadounidense firmó un convenio con su par mexicano, en aquel entonces el general Manuel Ávila Camacho, para que se sembrara la planta en el triángulo, empleando agricultores de origen chino. Y con la amapola, llegaron los encuentros violentos a Sinaloa.
(…)

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Edición: Rodrigo Martínez  
Diseño: Sergio Martínez